Si Capricornio no va a Sagitario, Sagitario irá a Capricornio

“Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma irá a la montaña”, esta frase que acuñó Francis Bacon nos sirve de punto de partida para reflexionar sobre la relación simbólica entre  la montaña y Capricornio. Si el profeta (Sagitario) le pide a la montaña que se mueva y ésta no responde, es el profeta el que debe seguir su camino, un camino que necesitará de desprendimientos y esfuerzos para llegar a la montaña. Esa es la nueva fase de crecimiento que el zodiaco manifiesta en el signo de Capricornio y que se convierte en el destino de Sagitario. En la mayoría de las mitologías y religiones la montaña es el lugar del encuentro o de la revelación de los dioses. El Sinaí para los israelitas, el Tabor para los cristianos, el Olimpo para los griegos. El profeta Mahoma se retiró a meditar a la montaña Hira, fue allí que el ángel Yibril (Gabriel) le reveló el Corán. La montaña es el lugar elegido por los monjes eremitas. Su ascenso y permanencia es el desafío que eligen enfrentar sostenidos por sus creencias y en función de su objetivo pasar de la muerte a la vida eterna. Ver los monasterios construidos sobre los sugestivos picos de las enormes rocas que se levantan en Meteora, Grecia, así como también los del Monte Athos dan una imagen muy elocuente de esto. Por otra parte, la montaña se ha considerado como símbolo de la grandeza del hombre y sus ambiciones. Las Acrópolis de Atenas, Pérgamo, Los Palacios de Micenas se construyen en los lugares más altos. Sea por razones religiosas y/o políticas, la cima es el lugar donde se establece y reconoce el poder, así como también,  la jerarquía terrena y celeste. Esta doble vía de acceso al significado de la montaña están implicadas en la naturaleza de Capricornio: por un lado, el haber llegado a un grado de realización en el mundo de la materia; y por otro, ver el logro como apoyo para abrirse a otra dimensión. Esta tensión entre el impulso vital-espiritual, dar un salto hacia el cielo, abandonando las obras realizadas, se contrapone con el apego a la estabilidad y perfección de la obra construida, realizada y terminada. El pasaje de Capricornio a Acuario pide una mutación. La idea subyacente en todo este simbolismo es que la cumbre de la montaña es el punto de encuentro entre el cielo y la tierra, podemos decir entre Acuario y Capricornio. Es el punto donde lo humano se diviniza y donde lo divino revitaliza la forma. Así como en la imaginación de los pueblos arcaicos la montaña es la morada de los dioses, hoy lo es de los extraterrestres y de los avistajes de ovnis. En cualquiera de las versiones, la montaña participa fuertemente del simbolismo de trascendencia y de encuentro con lo que nos excede. Los iniciados ascienden a la montaña en búsqueda de alcanzar su perfección espiritual. En toda escuela de formación espiritual, desde los Pitagóricos hasta los Masones, está presente la idea de esa búsqueda de perfección espiritual, no sólo por revelación sino principalmente a través de una "formación", la ascensión es progresiva. De tal modo convergen tres factores atribuidos a Capricornio: el tiempo, el examen y los grados alcanzados. Los rascacielos, las pirámides, los obeliscos, los zigurats babilónicos, expresan el anhelo humano de elevarse de la condición en la que se encuentra, a un estado más perfecto. Lo más alto a lo que el hombre puede llegar, parece quedar representado en esas construcciones. De tal modo, la ascensión constituye la preparación para una ruptura de nivel. Si Sagitario es la fuerza motora, la interiorización de un principio que nos guía, que nos mueve con total convicción y asentimiento, Capricornio es su limitada pero más perfecta concreción dentro del marco espacio-temporal. La roca, dura y permanente, constituye otro de los símbolos de la energía de Capricornio. En el uso cotidiano, la expresión "sos una roca" a veces queda revestida de cierto tono peyorativo. Sin embargo la piedra o la roca pueden ser pensadas y percibidas como fundamento, como apoyo firme. No sólo a nivel visible, sino como leyes, no tan palpables, a las que estamos sujetos tengamos conciencia o no de ello. Las Leyes Universales operan en todas las culturas, en todo tiempo y lugar. En esa dirección, no es tan extraño que uno de los nombres de Yahvé sea "la roca". La roca y el cielo se unen de manera estrecha, en el fenómeno de un meteorito, su caída desde "el cielo" es señal palpable, es signo de comunicación cielo-tierra. Sólo basta examinar el lugar que ocupa en la religiosidad islámica, la Ka´aba, en la Meca, el lugar sagrado más importante para el Islam. Hacia ella se orientan todos los creyentes, dispersos por el mundo, cinco veces al día en el momento de la oración. Ka´aba quiere decir cubo y según la tradición la gran piedra fue traída del cielo por el ángel y entregada a Ibrahim para que con ella construyera la casa de Allah. Volviendo al sueño de Jacob, tratado en otro artículo, en el que sueña con la escalera por la que bajan y suben los ángeles, vale la pena observar que el texto bíblico precisa que Jacob soñó luego de quedarse dormido sobre una piedra. Llevando toda esta reflexión a situaciones prácticas de nuestra vida, creo que invita a meditar acerca de cuál es la montaña que queremos ascender o la que estamos ascendiendo, es esto algo que nos agobia o que nos motiva. ¿Estamos dispuestos a dejar cosas en pos de ese objetivo? ¿Es el esfuerzo un desvalor y todo debe ser fluido? ¿Es posible dar un salto si no es desde un apoyo firme? Astrológicamente muchas veces contraponemos Capricornio y Acuario, Limite-Libertad, Estructura-Desestructura,  Jerarquía- Comunidad. Pero esta es una antinomia que se da sólo al nivel psíquico y no en los niveles de mayor grado de conciencia. En la dimensión de la energía uno busca al otro, necesita al otro, se implican mutuamente. Sagitario no puede entenderse sin Capricornio y viceversa, este último criterio vincular se aplica al conjunto de los doce signos. Pablo Telias